
EDITORIAL
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REV ARGENT COLOPROCTOL | 2026 | VOL 37, N° 2: 7-10
CALIDAD DE LA CIRUGÍA ONCOLÓGICA EN EL ESCENARIO DE EMERGENCIA: EL CÁNCER COLORRECTAL COMO MODELO
Oliveira Ferreira F, et al.
INDICADORES DE CALIDAD EN LA
CIRUGÍA ONCOLÓGICA DE EMERGENCIA
La calidad en salud puede entenderse como la capacidad de
ofrecer una atención segura, efectiva, oportuna, eciente,
equitativa y centrada en el paciente (6). En cirugía oncológi-
ca, sin embargo, medir la calidad es una tarea compleja. Los
indicadores cambian con la evolución del tratamiento, varían
entre tumores y dependen de diferentes etapas del cuidado. El
modelo clásico de Donabedian —estructura, proceso y desen-
lace— continúa siendo útil para organizar esta evaluación (7).
En la cirugía colorrectal de emergencia, los indicadores de
estructura incluyen disponibilidad de tomografía, endosco-
pia, UTI, banco de sangre, anestesia, anatomía patológica,
antibióticos, soporte nutricional, equipo quirúrgico experi-
mentado, acceso a especialistas, posibilidad de transferencia
y existencia de protocolos institucionales. También deben
considerarse el volumen hospitalario, la experiencia del equi-
po y la continuidad del tratamiento oncológico.
Los indicadores de proceso son quizá los más importantes y,
paradójicamente, los más difíciles de medir. Incluyen el reco-
nocimiento de la sospecha oncológica, la estadicación posi-
ble antes de la operación, la denición explícita de la inten-
ción terapéutica —curativa, paliativa o de control de daño—,
la elección racional entre resección, derivación, anastomosis
o estoma, la preservación de los principios de resección on-
cológica, la obtención de márgenes adecuados, la linfadenec-
tomía compatible con el tipo de tumor y la documentación
de los hallazgos intraoperatorios. En el cáncer de colon, el
número mínimo de ganglios linfáticos evaluados permanece
como un indicador consolidado de calidad de la estadica-
ción y se asocia con mejores desenlaces oncológicos (8).
Los indicadores de desenlace no deben limitarse a la mor-
talidad hospitalaria. Es necesario evaluar mortalidad a 30 y
90 días, complicaciones, infección del sitio quirúrgico, fístula
anastomótica, necesidad de UTI, reoperación, readmisión,
tiempo de internación, estoma denitivo, márgenes com-
prometidos, inicio de tratamiento adyuvante, supervivencia
libre de enfermedad, supervivencia global y, siempre que sea
posible, calidad de vida y experiencia del paciente.
La documentación quirúrgica merece un destaque propio.
En cirugía oncológica, la descripción operatoria no es solo
una formalidad administrativa, es un instrumento de cuida-
do, comunicación, auditoría e investigación. En el escena-
rio de emergencia, las descripciones incompletas impiden
evaluar si los principios oncológicos fueron respetados. El
informe debe contener, siempre que sea posible, localiza-
ción tumoral, extensión de la enfermedad, perforación o
contaminación, sospecha de invasión de órganos adyacen-
tes, metástasis, estadicación quirúrgica estimada, tipo de
resección, márgenes, linfadenectomía, justicación para
anastomosis o estoma e intención de la operación. Lo que
no se registra no puede auditarse; y lo que no se audita difí-
cilmente podrá mejorarse.
¿QUIÉN OPERA: CIRUJANO GENERAL,
COLOPROCTÓLOGO O CIRUJANO
ONCOLÓGICO?
El cáncer colorrectal evidencia un dilema práctico: ¿quién
debe operar al paciente que llega a la emergencia con abdo-
men agudo obstructivo o perforativo por cáncer de colon?
¿El cirujano general con experiencia en emergencia, pero
sin formación oncológica especíca? ¿El coloproctólogo o
cirujano oncológico, eventualmente con menor exposición
a la rutina de emergencia? La respuesta no debe ser corpo-
rativa. Lo ideal no es oponer especialistas, sino aproximar
competencias.
En la práctica, muchos pacientes con cáncer colorrectal en
emergencia son tratados en hospitales generales, por ciruja-
nos generales, muchas veces en servicios de menor volumen.
En una serie, las operaciones electivas fueron realizadas por
cirujanos colorrectales en 37% de los casos, cirujanos onco-
lógicos en 10% y cirujanos generales en 53%; en las emer-
gencias, esos porcentajes fueron de 19%, 10% y 70%, respec-
tivamente (9). Estos datos refuerzan que la mayoría de los
casos, especialmente en la emergencia, será conducida por
cirujanos generales. Por lo tanto, la solución no puede de-
pender exclusivamente de la disponibilidad de especialistas
en todas las guardias.
No se trata de exigir que todo cirujano de emergencia sea
cirujano oncológico o coloproctólogo. Se trata de garanti-
zar que todo paciente oncológico atendido en la emergencia
reciba una operación orientada por principios mínimos de
calidad oncológica. Estudios sugieren que la especialización,
el volumen y la organización del cuidado pueden inuir en
los desenlaces, aunque el impacto de estas variables sea más
complejo en la emergencia que en la cirugía electiva (10,11).
En algunos escenarios, cirujanos experimentados en emer-
gencia pueden alcanzar resultados adecuados; en otros, la
ausencia de entrenamiento oncológico, protocolos y soporte
institucional puede aumentar el riesgo de resecciones inade-
cuadas, márgenes positivos o linfadenectomía insuciente.
La discusión, por lo tanto, debe salir del plano individual y
entrar en el plano del sistema. Quién opera es importante,
pero también importan el hospital, el horario, la disponibili-
dad de recursos, la documentación, los protocolos, la posibi-
lidad de transferencia, la discusión posoperatoria y el acceso
al tratamiento adyuvante.